Universidad: un siglo de avances y retrocesos

ANTERO FLORES ARAOZ- ESPARZA

Ha pasado un siglo desde el famoso Grito de Córdova, que inicia la gran transformación del sistema universitario en nuestro continente para terminar con la sumisión de la institucionalidad académica al poder político. En efecto el 28 junio de 1918 la Federación Universitaria de la Universidad Nacional de Córdova, en Argentina, dio a conocer su manifiesto reclamando por el control político en los centros de estudios superiores y propiciando reformas para alcanzar la autonomía universitaria, que meses después sería replicada en el Perú, comenzando en nuestra universidad más antigua de América: San Marcos.

Mientras en Córdova, rectores y catedráticos de infinidad de universidades del mundo, celebraban el acontecimiento, que había sido propulsor de democracia, de autonomía institucional y de calidad educativa, que en buen romance ha sido un aleccionador avance, a contrapelo en el Perú estamos en franco retroceso en lo que se refiere a la autonomía universitaria. El resto avanzó un siglo, mientras en el Perú lo retrocedimos.

Sí, pues, retroceso, pues la lograda autonomía universitaria peruana, que llegó inclusive a estar garantizada en sucesivas constituciones de nuestra patria, específicamente en lo académico, administrativo y económico, ha sido seriamente lesionada en la actual Ley Universitaria, dictada autoritaria e irreflexivamente en el quinquenio anterior, bajo el pretexto de mejorar la calidad educativa.

Empero, la real motivación de tal ley fue someter el sistema universitario al poder político encarnado en el Ministerio de Educación, bajo cuyo mando dictatorial se encuentra la SUNEDU que sustituyó a la criticada Asamblea Nacional de Rectores, que lejos de corregir sus errores los ha agravado, pues en el fondo todavía no ha logrado mejorar la calidad universitaria, pero sí logró hacer añicos su autonomía. Recordemos que SUNEDU ni siquiera cuenta en su consejo directivo, con representantes de las universidades, y por más pergaminos que puedan tener sus integrantes, forman parte de la burocracia gubernamental.

No cabe duda alguna que hay que mejorar la calidad educativa universitaria en varios centros de estudios, pero para ello la autoridad debe ayudar en lugar de limitarse a trámites engorrosos y dilatados, además de sus constantes amenazas, e incluso hasta desconocimiento los convenios internacionales suscritos entre el Perú y el Vaticano.

Hoy nos encontramos que desde la misma deslegitimizada autoridad impuesta al sistema universitario, se agravia a la participación privada en el mismo, que ha permitido socios estratégicos a la universidad pública, con la incorporación de universidades privadas asociativas y societarias, que vienen colaborando en la invalorable tarea educacional.

Para horrorizarnos, más aún, por las insensatas decisiones de SUNEDU, observamos cómo se ponen trabas para que localidades que nunca pensaron tener cercanía con universidades y que hoy ven que sus hijos puedan acceder a ellas y hasta con sus propios idiomas y dialectos, se les niegue sus derechos a futuro. ¿Quieren ejemplos? Bueno, pues, las localidades de Atalaya y Nueva Cajamarca y en menor medida en Tarma y Chulucanas.

Otro caso de espanto es haber ocasionado hasta el cierre de matrículas en escuelas de enfermeras conducidas por prestigiadas congregaciones religiosas.

Una pena, entre las luces de la celebración de un centenario, las sombras se ciernen sobre la universidad peruana.

Fuente Diario Uno

 

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