OPINIÓN: Mochada Quimica

ANTERO FLORES ARAOZ ESPARZA

Ex presidente del Congreso/ Ex Representante Permanente del Perú ante la OEA

Más que repudio e indignación, nos causa el ultraje y violación de menores de edad, por depravados que sin duda alguna de­ben ser castigados. La violación de menores es un delito graví­simo pues se está atentando contra personas que no están en capacidad de defenderse adecuadamente y que el vejamen al que son sometidos, no solamente les causa daño físico, sino que además les deja serios estragos sicológicos que deben ser atendidos satisfactoriamente. La violación le cambia la vida a cualquier ser humano.

Nadie en su sano juicio puede considerar que el delito men­cionado, por su gravedad y consecuencias, no merece justo y severo castigo para los perpetradores de la infamia, y más por supuesto cuando ellos son del entorno familiar. Empero la sanción debe ser dura, pero sin salirse de los parámetros que fija la Constitución y los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos, y reconociéndose además que el elevar las penas a rangos altísimos no necesariamente resocializa al infractor ni menos aún tiene carácter disuasivo.

Últimamente nuestro Congreso debate el aumento de pena a violadores de menores y a la vez intenta imponer la castra­ción química del violador, sin antes haber indagado si ello tendrá incidencia en la sociedad para bajar el índice de la co­misión de tal delito y si impedirá que el violador sancionado vuelva a las andadas. Los profesionales y expertos de las cien­cias médicas ya se han pronunciado contrariamente al des­propósito, no solamente porque su efecto es de reducida tem­poralidad, sino además muy oneroso y no siempre efectivo.

No me cabe duda de que hay que castigar con rigurosi­dad, pero de allí volver a la bíblica Ley del Talión me parece un despropósito. Recordemos que la citada ley se aplicaba a quienes han causado daño, y los obligaba a recibir el mis­mo daño que habían infringido.

Las referencias bíblicas a la Ley del Talión la encontramos en los libros del Éxodo, Deuteronomio y Levítico, que proclaman que quien delinque “sufrirá en carne propia el mismo daño que haya causado” y agrega: “fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente, según la lesión que haya hecho a otro, así se le hará”. Más aún, adiciona que “El que mata a un animal, lo restituirá, pero el que mate a un hombre ha de morir”.

La sanción así concebida no es otra cosa que represalia, retalia­ción, y también la encontramos en el Código de Hammurabi en la Babilonia del siglo XVIII antes de Cristo. Empero mucha agua ha pasado debajo del puente, y con el correr de los siglos este tipo de sanción vengadora, entre la que se encuentra la mutila­ción, así sea química, se ha ido dejando de lado porque atenta contra la dignidad de la persona humana y no resuelve nada.

La Ley no puede contrariar la Constitución, en que en su capítulo I consagra como derecho elemental, el respeto de la dignidad humana, así como a su integridad física. También dispone que nadie debe ser víctima de violencia ni sometido a tratos inhumanos o humillantes. La castración, así no sea física, es inconstitucional.

FUENTE/ exitosa noticia

 

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