Opinión: En busca de soluciones “¡Qué complicado es nuestro querido Perú!, por Antero Flores- Araoz Esparza

07 de  octubre de 2019 

Por Antero Flores-Araoz/ Ex Presidente del Congreso de la República 

¡Qué complicado es nuestro querido Perú! A lo que podríamos agregar lo irresponsable que son los electores, quienes por lo general escogen mal y, ello, sin sopesar las consecuencias. Pero eso no es todo, hay que agregar la ineficiencia e ineficacia de gobernantes medrosos, no todos por cierto, que se dejan llevar por la turba, que aceptan presiones de prensa y encuestadoras y que en lugar de dirigir los destinos del país son llevados de la nariz por terceros hacia el barranco.

Es realmente penoso que después de una seguidilla de gobiernos con legitimidad y licitud constitucional y democrática, así como después de varios lustros de tranquilidad política relativa, hayamos vuelto a las andadas interrumpiendo el devenir institucional. 

Lo últimamente señalado, quizás se deba al diminuto margen de diferencia entre los contendores de la segunda vuelta presidencial en el 2016, la mayoría congresal derivada de la aplicación de un régimen de proporcionalidad imperfecta, como es la cifra repartidora, la poca calidad intelectual y moral de gran parte de los parlamentarios elegidos y las pocas ganas del Poder Ejecutivo de conciliar posiciones en bien del país.

En fin, ya “la leche está derramada”, nos encontramos con los hechos consumados como fue la falta de prudencia congresal, la indebida disolución del Congreso, el reemplazo del Gabinete Ministerial por otro de menor nivel que el saliente, la juramentación de la vicepresidenta de la República para encargase de la Presidencia en forma virtual y efímera, por solo una noche. Tuvimos simultáneamente a un Presidente sin legitimidad pero con mando y a una encargada de la Presidencia con licitud pero sin mando real.

Mientras el Presidente suspendido seguía manejando al país, con control presupuestal y del gasto, con autoridad sobre el aparato burocrático de la Nación y en ejercicio de la jefatura de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional del Perú, la encargada de la Presidencia, en la práctica, fue por breves horas como la canción: “dueña de nada”.

Se ha convocado a elecciones parlamentarias para enero próximo, a fin de completar el período congresal hasta el 28 de julio del 2021 y mientras tanto seguirá en funciones la Comisión Permanente del Congreso, con facultades muy discretas por cierto, pero el Presidente, en ejercicio fáctico, podrá hasta legislar mediante Decretos de Urgencia.

Al igual que con el golpe de 1992, “la calle” respalda la situación, mientras que los institucionalistas estamos en orfandad de apoyo. Triste realidad, pero es la realidad que tenemos que afrontar y buscar soluciones armoniosas y consensuadas para salir del atolladero.

¿Se podrá restituir al Congreso disuelto? La respuesta es obvia, pero de lo que si se tiene que dejar constancia es que el que “nos vamos todos” solo fue para la tribuna y el señor Martin Vizcarra sigue en el sillón de Pizarro en “modo” de emperador.

Elegir a nuevo Congreso por algo más de un año, no tiene sentido. Probablemente los postulantes con valores cívicos se inhibirán para participar el 2021 y los que se allanen a mandato de solo un año y pico, quizás no tengan las características deseadas, pero si podrían lavar la cara a muchos de los congresistas salientes, pues quizás sean peores que aquellos.

El país no está para más violencia, cualquiera sea su tipo y origen, y menos la política que se puede solucionar con buena aptitud y actitud de todos los involucrados, con la finalidad de encontrar una fórmula mediante la cual se pueda reemplazar a los disueltos más a los que se aferran al cargo en el Gobierno Nacional, y todo ello por un quinquenio completo.

Es necesario que exista para el futuro una agenda común entre Ejecutivo y Legislativo para el desarrollo del país, para la solución de sus problemas, para la reducción de la pobreza, para dotarnos de la infraestructura de obra pública requerida, para formalizar la economía, para destrabar las inversiones que generan fuentes de trabajo y, en fin, tener un Perú mejor con el que siempre hemos soñado.  Requerimos menos soberbia y más humildad para reconocer errores y subsanarlos.   

FUENTE / DIARIO UNO – Lima, 05 de Octubre

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