Opinión: El arte de la conversación por Celinda Barreto

Celinda Barreto.
Periodista

Selecciones, una revista de gran circulación a escala mundial ofrecía incluso un curso por correspondencia llamado “Aventuras en el arte de la conversación”, en el que se ofrecían artilugios para abordar de la mejor manera diversos temas sin que decayera el componente de interés y para que no se confundieran los conceptos “hablar” con “conversar”. También, para que cualquier persona no se convirtiera en el terror de las reuniones por el simple hecho de saber articular palabras a gran velocidad. Como se ve, la conversación era todo un arte. 

Y era una práctica que tenía lugar entre amigos, parientes, conocidos y algunas veces también desconocidos, pues el tema que se trataba así lo exigía. En general, la naturaleza de los temas que se abordaban dependía de las circunstancias y de la confianza que había entre los interlocutores.

“Tenemos que conversar”, le decía una persona a otra con tono grave, cuando había que tratar aspectos relacionados con el trabajo, la familia, asuntos amicales y hasta sentimentales. Sin una conversación previa, no había trato posible. 

El clima, cuando se iniciaba una conversación en la sala de espera de un consultorio, en la cola de un banco, mientras se esperaba la llegada de un ómnibus o en sitios similares, era un tema muy común. Pero si la charla era entre amigos o parientes o personas con las que ya existía una relación previa, los temas por tratar eran infinitos, inagotables porque uno jalaba al otro y al otro.

Lamentablemente, los tiempos de las conversaciones banales, intrascendentes, frecuentes y espontáneas han pasado al olvido, para algunas personas que conservamos vivo su recuerdo. Y sabemos que para siempre. 

Las conversaciones de antes, que no se limitaban a un intercambio de datos precisos, sino que incluían tonos de voz, gestos, posturas, sonrisas y hasta frases ingeniosas, prácticamente no existen. Hoy casi todo se limita a datos, mensajes, cortos e impersonales, que mandamos o recibimos a través de la pantalla de un teléfono celular o de una computadora. Mensajes que, cualquiera que sea su contenido, casi siempre incluyen gif, pequeños íconos, caritas amarillas que sirven para expresar el estado de ánimo del remitente, aunque no con precisión. 

Porque no es lo mismo estar algo disgustados con alguna situación que estar muy indignados. Ni es lo mismo estar un poquito alegres que estar muertos de risa. Y eso nos lo dicen los emoticones, con su entrecejo más o menos fruncido o con su sonrisa monstruosa, con los que se han sustituido las palabras. Las hermosas y decidoras palabras de los tiempos de antes.

FUENTE/ https://elperuano.pe/noticia-el-arte-de-conversacion-71116.aspx

 

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