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El sueño de Haya de la Torre en el Panóptico por Jose Luis Pérez Sánchez Cerro

25 de marzo de 2020

El sueño de Haya de la Torre en el Panóptico por Jose Luis Pérez Sánchez Cerro.

Por  Embajador José Luis Pérez Sánchez Cerro [email protected] 

                 En la madrugada del 3 de octubre de 1968, en vísperas del proceso electoral que debía realizarse en 1969 en el Perú -al cual Haya de la Torre se presentaba como el candidato favorito-, se produjo el golpe de Estado encabezado por el general Juan Velasco Alvarado.

              Haya de la Torre se mantuvo en la oposición al régimen militar, aun cuando reconoció que algunos de los lineamientos generales habían sido propuestas del partido, a la que se sumaron, sin reconocer esto último, diversos partidos y grupos de izquierda, como el Partido Comunista y la Democracia Cristiana.

             Yo estuve esa noche en el local del partido porque era dirigente de la JAP (Juventud Aprista Peruana) y al día siguiente nos despertamos con otro gobierno; había habido un golpe de Estado contra Belaunde, siguiendo la tradición militar golpista, para evitar que el candidato del pueblo ganara las elecciones.

                 Los estudiantes, sobre todo los sanmarquinos, entre los cuales me sumaba yo con mis 18 años de edad a cuestas, salimos a las calles a protestar porque, una vez más, se había ejercido el veto de los militares contra Haya de la Torre quien, probablemente, ganaría las elecciones generales al año siguiente.

            En 1969, algunos meses después, llegó Haya de la Torre al Perú proveniente de Europa. Los jóvenes fuimos jubilosos a recibirlo al aeropuerto de Lima en el Callao. A la sazón, yo era Jefe de la División de Lima de la Juventud y nunca antes lo había visto en persona. Fuimos en lo que pudimos. Yo recuerdo que viajé, junto a otros jóvenes, en la parte posterior una camioneta pickup. La velocidad del vehículo era excesivamente alta, pero la ilusión de conocer al Jefe obnubilaba todo exceso.

            A su llegada al Perú, Haya decidió formar el “Buró de Conjunciones”, el tercero que formaba desde la fundación del partido en 1930. Fuimos alrededor de 10 y con el tiempo se fue ampliando mínimamente.

          Víctor Raúl dispuso que esos jóvenes integráramos el CEN del partido (Comité Ejecutivo Nacional) porque de esa manera nos “fogueábamos” en la futura dirigencia de un partido histórico que requería que su joven dirigencia se prepara para los tiempos difíciles, como los de ese momento.

            Cierta noche de tertulia en la Jefatura del partido, Víctor Raúl contó a un pequeño grupo de jóvenes, entre los cuales estaba Alan García, una interesante historia referida a cierto sueño que él había tenido en el Panóptico de Lima, antigua penitenciaría.

En su sueño dijo que cuando mi abuelo, el presidente Sánchez Cerro lo había encarcelado, soñó que ambos caminaban entre columnas, expresión masónica, por una galería, que podría haber sido el Museo de Arte de Lima según refirió. Mi abuelo, su rival político, al llegar al centro del recinto, se abrazaron y le dijo: “No te preocupes Víctor que nosotros los cruzaremos”. “Y ese cruce eres tú, me dijo Víctor Raúl, que estás conmigo todas las noches en el partido”. Haya recordaba aun después de casi 40 años de ese episodio, esa parte de su azarosa vida, con claridad y sin resentimiento. “Yo no nunca vi en persona al presidente Sánchez Cerro”, me dijo, “a pesar que fuimos rivales políticos porque el civilismo nunca quiso que nos juntáramos”. “Yo conocí a tu abuelo sólo por fotografía, nunca siquiera hablamos”. Quizá la historia hubiese sido otra.

          Todavía hay mucha gente mayor a quienes les extraña mucho la cercanía que tuve con Haya de la Torre, siendo yo nieto de Sánchez Cerro, entre ellas, mi propia madre, su hija, quien afortunadamente nunca interfirió con mis ideales políticos de ese entonces, lo que le agradeceré siempre.

            Una nota saltante que testimonia el gran respeto que tuve por Víctor Raúl, fue pedirle “permiso” en público al “viejo”, como solíamos decirle con cariño, afecto y admiración, para ingresar a la carrera diplomática en la que permanecí 49 años de servicios al Perú.

MI LLAMADA AL JEFE EN LOS ESTADOS UNIDOS

            En 1979, yo era Segundo Secretario Diplomático en la Representación Permanente del Perú ante la OEA en Washington DC, cuando me enteré que Haya de la Torre estaba en Houston, internado en un hospital por una dolencia pulmonar. Averigüé rápidamente el teléfono y lo llamé. Me contestó Jorge Idiáquez, su fiel compañero, quien varias veces se jugó la vida por él y con quien conversábamos los jóvenes todas las noches en el partido.

            Me dijo que “el viejo” estaba en unas pruebas médicas y que no podía acercarse en ese momento al teléfono. Volví a llamarlo a día siguiente y me contestó que estaba durmiendo; yo sabía lo difícil que era para él conciliar el sueño y le pedí que no lo despertara.

           Al día siguiente, el tercer día que yo llamaba, me dijo que le había contado al Jefe de mis llamadas y que quería hablar conmigo.

           Finalmente, pudimos hablar. Hablé con él y noté un cansancio en su voz, como era natural, y me dijo solamente esta frase: “Me alegro que sigas estando al lado de los que siempre hemos luchado”. Eso fue todo, eso fue mucho; se me quedó grabada esa frase en mi cabeza, de por vida. Ese año, murió la luz.        

JOSE LUIS PEREZ SANCHEZ CERRO 

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