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El filósofo de la democracia integral, por Francisco Miró Quesada Rada

23 de marzo de 2020

El filósofo de la democracia integral, por Francisco Miró Quesada Rada/ Ex director del Diario El Comercio, director de la Escuela de Ciencias Políticas de la UNMS

Ha fallecido Mario Bunge. Hace unos meses había cumplido 100 años. Fue uno de los filósofos más notables de Argentina y del continente. Se desempeñó como catedrático de Física Teórica y Filosofía en diversas universidades de su país y de Estados Unidos para, finalmente, afincarse en Canadá en 1966, impartiendo sus conocimientos en la afamada Universidad McGill, en Montreal.

Su amplia producción abarca desde la filosofía analítica hasta la especulativa. Y de todas sus obras, quizá la que más impactó en los corrillos académicos latinoamericanos fue “La ciencia, su método y filosofía” (1960), un libro que tiene varias ediciones y que sigue siendo consultado no solo por los filósofos epistemólogos, sino también por los científicos sociales.

Mario Bunge lo conocí en la casa de mi padre, en los años 70 del siglo pasado, cuando yo era un estudiante de la Facultad de Derecho y Ciencia Política en la Universidad de San Marcos. Solía asistir también a las conferencias que él impartía cuando venía a Lima.

Tuvo una gran amistad con mi padre, al que le envió una cariñosa carta cuando cumplió 100 años. Bunge fue un sabio, un docente entretenido, profundo, vigoroso y polémico.

No podemos olvidar, por ejemplo, la discusión que generó su participación en un encuentro realizado en nuestra capital en torno al famoso Martin Heidegger, debido a la discutida etapa de este último cuando fue rector de la Universidad de Friburgo en la que, al parecer, se adhirió al nazismo: una controversia que llegó hasta los medios de comunicación.

Sin embargo, a pesar de su fama como filósofo de la ciencia, poco se sabe sobre sus escritos éticos y políticos. Del primero, planteó que “se dejara de considerar a la ética como un muestrario de opiniones arbitrarias y utópicas de pensadores ilustres, y se pase a construir una ética científica, como ciencia de la conducta deseable, que emplee el método científico y los conocimientos científicos acerca del individuo y de la sociedad”. En cuanto a sus ideas políticas, estas se hallan en su obra “Filosofía política”.

En esta plantea una “democracia integral”: una forma de vida política en la que todos tienen libertad para gozar de todos los recursos, así como de participar en todas las actividades sociales sometidos solamente a las limitaciones impuestas por los derechos de los demás.

Sostiene, además, que esta democracia integral estaría compuesta por: la democracia ambiental, que significa acceso igual –pero gestionado– a los recursos naturales y a su aprovechamiento sostenible; la democracia biológica, que es indiferente al género y al color de las personas, pues no discrimina a los individuos por su opción sexual o por pertenecer a una etnia; la democracia económica, que significa el predominio de las empresas autogestionadas por encima de las firmas de propiedad y administración de la riqueza, sean estas privadas o estatales (Bunge, en este aspecto, se inclina por una especie de “socialismo de mercado”); y la democracia cultural, que implica un acceso igual al patrimonio histórico, humanístico, científico y tecnológico.

En esta relación también incluye a la democracia política y a la jurídica.

Luego de fundamentar con una serie de argumentos en qué consiste la democracia integral y de confrontarla con distintos regímenes político-económicos a lo largo de la historia (que resultaría extenso explicar en este artículo), Bunge sostiene que la democracia integral es superior a todos los demás regímenes, seguido de cerca por la socialdemocracia.

Resalta también la diferencia entre una democracia débil o formal, que es solo un mecanismo de consulta y arbitraje, con la fuerte, que supone la participación porque lleva a la igualdad, refuerza la cohesión, fomenta la estabilidad y fortalece el sistema democrático. Para Bunge, la democracia, la participación, la cohesión y la estabilidad forman una cadena causal automantenida.

La democracia integral de Bunge, de llevarse a cabo, sería una eutopía, un lugar que permite la realización plena del ser humano. El filósofo argentino nos deja una propuesta para pensar, debatir y –quién sabe– ejecutar.

Fuente/ Diario El Comercio

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